En verano, más que nunca, tienes que mantener bien hidratado a tu hijo. Ofrécele pequeñas cantidades de agua y líquidos con frecuencia. Aunque él no te los pida.
Gracias a la sed bebemos agua y otros líquidos que la contienen.

El 75% del peso de un recién nacido es agua y hasta el 60% a los 12 meses, de ahí la necesidad de mantener un buen nivel hídrico en cualquier etapa de la vida, pero especialmente en los primeros años.

Y aún más ahora, en esta época estival, cuando los expertos consideran que el aporte de líquidos se ha de incrementar un 20% para hacer frente al desgaste de agua del cuerpo.

Tan importante es su presencia en nuestro metabolismo que una disminución de tan solo entre el 2% y el 5% provoca deshidratación.

En circunstancias normales, un adulto debe ingerir un mínimo de dos litros de agua al día.

Los niños pequeños no necesitan tomar tanta cantidad, pero han de beber líquidos más a menudo.

CUÁNTO BEBEN LOS NIÑOS

La dieta del bebé en sus primeros meses es líquida: leche materna o biberones.

Por eso “el bebé lactante no necesita beber agua, salvo que tenga diarrea o fiebre”, aclara el pediatra isidro Vitoria, de la Unidad de Nutrición y Metabolopatías del Hospital La Fe de Valencia.

No te agobies si tu pequeño aún rechaza el agua que le ofreces, no se deshidratará aunque haga calor, porque el agua contenida en la leche cubre perfectamente sus necesidades hídricas.

A partir del quinto mes, coincidiendo con la introducción de las papillas, puedes empezar a administrar agua a tu hijo.

A esta edad es fácil que tenga sed y lo manifestará con el llanto.

Como pauta, hasta los 12 meses los niños consumen al día entre medio y un litro de agua total.

De esta cantidad, el agua libre representa unos 200 ml.

Entre 1 y 3 años suelen ingerir 1’3 litros entre agua y otras bebidas, incluida la leche.

Y a partir de los 3 años, 2 litros al día, tanto de líquidos como del agua que proviene de alimentos sólidos.

Ten en cuenta que tu niño sólo te pedirá agua cuando haya comenzado el proceso de deshidratación porque su mecanismo de la sed es aún inmaduro y no la percibe de la misma forma que un adulto.

Si ya es mayor, jugará y sudará pero se olvidará de beber.

Adelántate a sus necesidades, sobre todo en verano, y acuérdate de ofrecerle pequeñas cantidades de líquido de forma continuada aunque no te lo pida.

 

Fuente: http://www.crecerfeliz.es