La dermatitis atópica no se puede curar, pero sí que podemos hacer muchas cosas para evitar la aparición de los brotes. Es muy importante cuidar la higiene y la alimentación de los niños, sobre todo, pero también hay que estar atento a su mundo emocional.

La dermatitis atópica es una patología muy frecuente en la piel de los niños que genera malestar, irritabilidad e intranquilidad. Y por su persistencia y duración, provoca mucha angustia en los padres.

Es una reacción de hipersensibilidad en la piel, similar a una alergia, que conlleva a una inflamación cutánea y un enrojecimiento e hinchazón prolongados. Esta situación ocurre a brotes y provoca picor y rascado intenso que incluso puede impedir el descanso nocturno.

En general, suele afectar a la piel de la cara, la porción interna de los codos y detrás de las rodillas, aunque en los lactantes, que es cuando suele iniciarse, aparece en la cara y tras las orejas. La piel afectada está seca, irritada, con escamas y, como el picor favorece un rascado continuo, puede provocar heridas que llegan a veces a sobreinfectarse.

¿Es alergia?

Esta enfermedad afecta al 10% de la población y se presenta igual en hombres que en mujeres. El 75% de los casos se da en menores de 5 años. También hay un componente hereditario importante. Hay quien dice que es una alergia y otros que es una reacción especial. Lo que es cierto es que se podría hablar de la alergia cuando tomando algún alimento o sustancia a la que se es alérgico se desarrolla un brote de dermatitis. Por ejemplo, se ve claro en el caso de la proteína de leche de vaca, pero también ocurre con otras proteínas animales o vegetales ingeridas, y en el polen o el pelo animal, por contacto.

De hecho, los individuos con atopía tienen por lo general una mayor posibilidad de generar otras formas de alergia, las más frecuentes son al polen o el asma alérgico.

Por lo general, las pruebas en la piel atópica generan gran cantidad de falsos positivos, ya que es una piel tan sensible que cualquier estímulo le provoca reacción. Aunque estas pruebas hay que hacerlas, no siempre se encuentra el alimento o la proteína que causa la reacción.

El tratamiento no es curativo. Es una afectación que hay que sobrellevar y procurar evitar los desencadenantes tomando una serie de precauciones:

*el contacto con irritantes químicos
*los resfriados y gripes
*las situaciones estresantes…
En este sentido, es importante no regañar a los niños.

Si están nerviosos y con picor y además los acosamos emocionalmente, el brote puede ser mayor y más duradero. Situaciones de estrés como un destete precoz, el inicio de la guardería o usar métodos para dormir pueden convertirse en desencadenantes.

En cambio, mostrarles atención, ser comprensivos con los picores y la irritación pueden reducir los brotes. También es importante tener en cuenta que la lactancia materna disminuye el riesgo de dermatitis atópica. De hecho, se ha visto que en los niños con padres que son atópicos que toman lactancia materna exclusiva y la madre no toma proteína de vaca, la posibilidad de tener dermatitis es muchísimo menor que los que reciben leche de vaca adaptada.

Medidas farmacológicas

El tratamiento con medicamentos es para disminuir el picor y se aplican antihistamínicos sobre la misma piel o por vía oral. Algunos son relajantes y producen sueño por lo que el estrés también va a disminuir. Pero la mayoría de pediatras preferimos la aplicación de una pomada con corticoides que es antiinflamatoria y disminuye la reacción alérgica. A veces, si el brote es muy importante se dan también por vía oral.

En niños mayores se puede usar el tracolimus, que es una sustancia que regula la inmunidad y que se usa para evitar rechazos de órganos en trasplantados. Se ha visto que la aplicación sobre la piel mejora mucho la dermatitis y, al contrario que los corticoides tópicos, el uso prolongado de este medicamento no provoca atrofia de la piel.

Lo primero siempre es la hidratación

Se trata de aplicar justo después del baño sustancias que dificulten la evaporación del agua de la piel y la mantengan hidratada.

En el mercado existen una amplia gama de cremas específicas. La aplicación de una capa muy fina de aceite de oliva tras el baño hace un efecto similar. Los aceites, parafinas, glicerina, lanolina, ceramidas, siliconas, urea y otros componentes pueden ser útiles. Se aplicarán al menos 2 veces al día.

Pero recuerda la importancia de utilizar productos ecológicos siempre y especialmente cuando estamos ante una especial sensibilidad ante los tóxicos.

La ducha no tiene por qué ser diaria. Es mejor que sea de corta duración y en pocas ocasiones, cuando la suciedad sea importante, usar un jabón de pH ácido. El agua mejor tibia –ni muy caliente ni fría–, ya que ambos extremos pueden desencadenar picor y un brote posterior. No rascar al secar.

Con los niños con dermatitis atópica hay que tener más cuidado con el cambio de pañales, ya que el pipí o las heces ácidas puede provocar mayor irritabilidad y producir un brote.

 

Escoger la ropa

Hay que evitar el calor excesivo llevando al niño con poca ropa. Y también el sudor que provoca picor y puede propiciar un brote. El aire caliente reseca la piel, es mejor una sistema de calefacción que no lo utilice.

Usar la ropa de algodón, revisando que no contenga ninguna mezcla sintética o lana incluso las costuras que en ocasiones son de hilos sintéticos, y también quitar las etiquetas que suelen ser de poliéster. Procurar que todos los tejidos sean de hilo o al menos los que están en contacto con la piel y recordar, en la medida de lo posible, que sean prendas ecológicas.

Para lavar sus prendas, es mejor usar detergentes suaves (los de recién nacido de toda la vida) y aclararlas muy bien con agua abundante. No usar suavizantes ni otros productos químicos en el tratamiento de la ropa.

 

Fuente: www.mundotubebe.com