Las escuchamos a menudo de boca de familiares y conocidos y ya forman parte del ideario colectivo como verdades absolutas, pero en realidad no lo son el cuidado que requiere un bebé cuando llega al mundo nunca es tarea sencilla. Y la de amamantarle, mucho menos. Los miedos y las dudas empiezan a invadirnos cuando escuchamos las frases lapidarias de familiares y conocidos: “Si no coge peso es que tu leche no es buena», «a mí también me salieron grietas. Es normal”… Las hemos escuchado siempre y precisamente por eso parecen verdades, pero no lo son. “Se podría escribir un libro entero con los mitos relacionados con la lactancia”, dice Alba Padró, consultora, presidenta de Alba Lactancia Materna y un referente mundial en este ámbito. Ella ha recopilado para ZEN las 10 mentiras más habituales.

Amamantar es siempre bonito:

Dar el pecho puede ser muy bonito, pero no siempre es así. Estamos acostumbrados a que nos vendan la lactancia y la maternidad como una etapa de color de rosa en la que debes ser muy feliz. Pero en realidad son épocas de cambio personal y cansancio extremo, porque cuidar y alimentar a una persona 24 horas al día es agotador”, explica. Además, dar el pecho es una técnica que hay que aprender a base de prueba/error, lo que requiere tiempo y paciencia. “Y cuando crea que ya lo domina, algo volverá a cambiar”.

Las grietas y el dolor son normales:

Éste, según la experta, es quizá uno de los peores mitos que existen. “No digo que amamantar no duela, lo que digo es que el dolor no es normal y tendría que ser una señal de que algo podemos mejorar”, afirma. Hemos oído hasta la saciedad que amamantar duele: “Hay que hacer callo”, “el pezón se tiene que curtir”… Las madres esperan a que mejore y mientras lo hacen, “sufren y padecen un dolor a veces indecible… Y cuando ya no aguantan más, acaban dejando la lactancia”.

Tu leche no es de buena calidad:

Cuando un bebé no gana el peso suficiente lo más habitual que va a oír una madre es esta frase, pero en realidad, la leche de mala calidad no existe. “Las valoraciones calóricas de la leche de una madre a otra son mínimas. La glándula mamaria se encarga de fabricarla con una receta única, en la que no olvida ningún ingrediente para que ésta sea la mejor que pueda tomar el bebé. Cuando no aumenta de peso, debemos valorar las causas y ver qué no está funcionando. A veces tan sólo con la suplementación de la propia leche materna es suficiente”.

Los pechos pequeños dan poca leche:

No habríamos llegado al siglo XXI como especie si hubiera sido así. “Parece que vivimos una epidemia de madres que no tienen leche, cuando la realidad es que sólo entre un 3-5% de madres van a tener una producción insuficiente para mantener una lactancia materna exclusiva”, dice Padró. Hay patologías que pueden comprometer la producción, pero “de la misma manera que si has nacido con un corazón sano, no vas a dudar de él, no deberías dudar de tus pechos, que han sido diseñados para fabricar leche”.

Hay alimentos que dan mal sabor:

En realidad, no hay alimentos prohibidos para las lactantes. “Todos lo que come la madre consume da a la leche de sabores diferentes. Para los bebés es una experiencia sensorial única, una manera casi imperceptible de ir acostumbrándolos al sabor de los alimentos que van a empezar a tomar en unos meses”. Tampoco los hay que ayuden a producir más, como la falsa creencia de que beber mucha leche de vaca ayuda. Según Alba Padró, aunque siempre es recomendable tener una dieta equilibrada por su propia salud, la alimentación casi no influye en la producción de leche. Sólo en el caso de dietas muy restrictivas o madres que están desnutridas pueden presentar modificaciones en el volumen y la composición.

Si enfermas tienes que dejarlo:

Las madres deberíamos ser inmunes a las enfermedades habituales, pero no es así: gripes, gastroenteritis e incluso operaciones. “Con una enfermedad común se puede mantener, tan sólo hay que extremar las medidas de higiene. Cuando se trata de patologías que requieren hospitalización la gran dificultad es conseguir un ingreso conjunto para poder seguir con la lactancia”. En la web de los pediatras de APILAM (www.e-lactancia.org) se puede consultar si existe algún riesgo con algún medicamento o prueba.

Es imposible trabajar y amamantar:

“A pesar de que las bajas por maternidad son insuficientes, mantener la lactancia es posible con un poco de organización. Hacer un banco de leche previo, saber cuántas horas vas a estar fuera de casa, saber con quién se va a quedar el bebé y con qué le van a dar la leche…, permite crear un plan personalizado para no tener que dejarla”. Y si no se quiere o no se puede mantener de forma exclusiva, siempre se puede hacer de forma parcial, ofrecer el pecho por la noche o cuando se está con el bebé.

Llegados a cierta etapa, la leche ya no alimenta:

Hay quien dice que la leche se convierte en agua, o que ya no aporta nutrientes de calidad al bebé. “La leche materna es el único alimento que modifica su composición a medida que el bebé crece, por lo que sigue siendo una alimento de primera categoría, tenga el bebé dos meses o cuatro años”.

Los niños que maman mucho tiempo pueden tener problemas:

La lactancia mal llamada “prolongada” da mucho miedo. “En nuestra sociedad nos resulta chocante ver a bebés que ya hablan, andan o comen bocadillos, tomar teta. Nuestra cultura reserva a la lactancia materna unos meses en la vida del bebé, y cuando se decide ir más allá, estos miedos se desatan”, cuenta. Y de ese desconcierto nacen las opiniones: “Va a estar muy enmadrado”, “le vas a causar daños psicológicos”, “el niño se va a traumatizar”…

La lactancia durante el embarazo causa abortos:

“No existe ningún tipo de evidencia que demuestre que la lactancia en el embarazo aumenta el riesgo de abortos, ni de producir perjuicios a la madre o al feto o al bebé mayor”, explica la experta. Sólo en caso de que aparezcan contracciones uterinas es mejor dejarla.

 

Fuente; www.elmundo.es