En el embarazo crecía feliz dentro de ti y ahora debe aprender a vivir en un entorno distinto. ¡Menos mal que cuenta contigo para sentirse igual de bien!

De tu útero al mundo exterior
¡Por fin ha nacido tu bebé! Estás feliz, pero no puedes evitar sentir temor: lo ves tan indefenso y el mundo que le rodea te parece tan frío y duro para él… Tranquila, tu hijo es mucho más fuerte de lo que crees. “Durante nueve meses y paso a paso, tu pequeño se ha ido formando para que, llegados a este día, esté totalmente preparado para adaptarse a la nueva vida”, explica Ana Martín, neonatóloga del hospital Sant Joan de Déu de Barcelona.

Mientras estaba en tu útero, tu hijo ha descubierto lo que es el sabor, se ha acostumbrado a oírte y ha aprendido a buscar su postura preferida. Así que ahora que está aquí te toca hacer que se sienta igual de feliz que cuando se desarrollaba en tu interior. Te surgirán mil dudas pero cuando menos te lo esperes, te darás cuenta de que todo va perfectamente. “En el fondo es muchísimo más fácil de lo que imaginamos. Se trata principalmente de sentido común y amor”, dice la doctora.

Haz de tus brazos su mejor refugio
Desde los primeros momentos, tu bebé querrá estar el máximo tiempo posible contigo. Sentir tu piel, oír tu voz… no necesita nada más. De hecho, al principio solo ve a una distancia de 25 centímetros, justo la que hay cuando le sostienes en brazos. “Es algo natural. Simplemente, precisa de ti para hacer la transición de un entorno familiar a la vida exterior. Yo recomiendo cogerle siempre que lo reclame. No se le malcría en absoluto”, dice la doctora.

Entre tus brazos, tu hijo vuelve a sentirse igual de protegido que en el embarazo. Entonces, los límites de “su casa” le daban seguridad. En cambio, ahora hay mucho espacio a su alrededor y eso puede angustiarle. Fíjate, por ejemplo, en cómo a veces, cuando le dejas en la cuna, da un respingo y abre brazos y piernas. Es el llamado reflejo de Moro, una respuesta involuntaria del bebé ante la sensación de que se va a caer. Abrázale con ternura y se calmará, o envuélvele con una toquilla para que sienta más recogido.

Así le calma escuchar tu voz
También le encanta escucharte. ¿Sabías que oye desde la semana 24 de gestación? En tu útero los sonidos más constantes eran los latidos de tu corazón y tu voz (como estaba rodeado por líquido amniótico no le llegaba totalmente nítida, pero sí la percibía lo suficiente como para reconocerla después del nacimiento). Por eso, ahora ambas cosas son un bálsamo para él. Acúnale contra tu hombro izquierdo, deja que reconozca los sonidos de tu cuerpo y háblale. Se sentirá feliz.

Lactancia materna: alimento y confort
Otra de las mayores satisfacciones para tu hijo es que le des el pecho, porque está pegado a ti y porque la succión le reconforta. “Al succionar, el bebé libera endorfinas y su bienestar crece. En el hospital hemos comprobado que si practicamos una analítica a un recién nacido mientras está succionando, ni se entera”, explica la doctora. Además, el líquido amniótico tiene un gusto similar al de la leche materna, por lo que cuando tu hijo mama, reconoce su olor y gusto como algo familiar y se tranquiliza.

Ofrécele pecho a demanda. “Tu bebé sabrá mejor que nadie cuándo lo necesita”, dice la neonatóloga. Y si te surge la duda de si está comiendo lo suficiente, no te agobies: si le ves satisfecho y tranquilo, y el pediatra comprueba que la curva de crecimiento es la adecuada, significa que todo va genial. En cuanto a la postura, la más adecuada será la que os vaya mejor a los dos. Eso sí, presta atención a la técnica, porque de un mal agarre surgen problemas como las grietas. Lo importante es que oreja, espalda y cadera del bebé estén en línea recta y tu pezón a la altura de su nariz.

Cuando finalice la toma, sostenle en brazos en posición vertical y dale suaves palmaditas en la espalda para que eche los gases.

Un hogar tan agradable como el útero
Durante el embarazo, tu bebé vivía en un entorno estable que rondaba los 37 ºC y era tu cuerpo el que se encargaba de regular su temperatura. A partir de ahora, sin embargo, debe empezar a regularla por sí mismo. Y como en las primeras semanas el sistema que lo hace está aún inmaduro, le afectan los cambios de frío a calor y viceversa. Por otra parte, hasta los tres meses, aproximadamente, pierde calor con relativa facilidad porque tiene menos grasa aislante y más superficie corporal, en proporción a su peso, que un adulto.

Por eso es esencial que vigiles la temperatura del hogar: lo ideal es que durante el día sea de 22-24º y que el ambiente esté ventilado y con cierto grado de humedad. Intenta que sea una temperatura uniforme en toda la casa y evita que lleguen al bebé corrientes de aire.

Bien abrigado para salir
Igual de importante es que aciertes con su ropa, sobre todo cuando hace más frío en la calle que en casa. Sigue la norma general de ponerle una prenda más de la que tú llevarías. Pero tampoco te pases: si tiene mucho calor acabará sudando y puede resfriarse. Si dudas, un buen truco es tocarle la nuca para ver si está sudorosa (quítale algo) o la nariz para ver si la tiene fría (abrígalo más).

Antes de salir, repasa qué actividades vais a realizar: si vais a pasar mucho rato al aire libre, si iréis a algún sitio donde la calefacción suele estar alta, etc. Lo más adecuado es vestirle por capas (en plan “cebolla”) y buscar un abrigo fácil de poner y quitar. Además, no le saques sin un gorrito que le tape la cabeza y los oídos y lleva un protector de lluvia para el carrito por si os sorprende un chaparrón.

De paseo, aunque vaya dormido
Una vez vestido para la ocasión, ¡salid a la calle! El mal tiempo no debe ser un impedimento para vuestros paseos diarios, que favorecen su desarrollo y fortalecen sus defensas. Pero ten presente que, aunque más adelante los aprovechará para descubrir el mundo, por ahora irá dormido una gran parte del tiempo.

Hay un motivo: en el mundo exterior hay tal cantidad de estímulos que a veces se siente desbordado y su forma de protegerse es cerrar los ojos. No hay duda: en las primeras semanas, su máxima prioridad sigues siendo tú.

El baño, un momento especial
Al volver a casa o al acabar el día, nada mejor que un baño calentito. A la mayoría de bebés les encanta, porque en cierto modo les recuerda a cuando estaban en el útero materno. Antes de empezar, asegúrate de que en el cuarto no hace frío, de que tienes todo a mano (toallas, jabón pH neutro) y de que el agua está a unos 36 grados. Luego, a disfrutar del momento. Mécele suavemente, háblale, juega con él… Cada bebé reacciona de forma diferente: a algunos los relaja el contacto con el agua; a otros, por el contrario, los activa.

Acaba el baño en tres o cuatro minutos, seca bien al bebé y aprovecha para darle un masaje con una crema o aceite corporal, pasando suavemente tus manos por cada parte de su cuerpo, nombrando su mano o su pie… El masaje tienen dos funciones. “Por un lado –explica Ana Martín–, es “una manera de expresar tu afecto al bebé y transmitirle lo que eres y tu amor por él”. Por otro, le ayuda a intuir cómo es su cuerpo, cuánto ocupa su propio espacio y dónde empieza el mundo” .

Procúrale un buen descanso
Durante su primer mes de vida el bebé duerme unas 16 horas diarias. No es extraño: está adaptándose a un entorno más movido que el que conocía, y eso le consume mucha energía. Mientras duerme, su cerebro madura y procesa todo lo aprendido durante la vigilia.

Pero ¿cómo descansará mejor? Lo ideal es que lo haga en un moisés, la cuna es todavía muy grande para él y se sentiría un poco perdido. Elige un colchón un poco duro, y no pongas almohada, mantas, peluches… nada que pueda taparle la cabeza durante el sueño. En este sentido, los sacos-pijama son una buena opción porque abrigan al bebé sin agobiarle y le dejan libertad de movimientos.
Para prevenir la muerte súbita, acuéstale boca arriba (es la postura recomendada por los pediatras) y evita que en el cuarto haga mucho calor (lo ideal de noche, unos 20 ºC). En cuanto al mejor lugar, lo más cómodo en los primeros meses es que duerma en vuestra habitación, porque necesita sentirte cerca y porque las tomas son muy continuas.

Cuida que esté seguro en su ambiente
Ahora que ya sabes cómo lograr que tu bebé se encuentre tan a gusto como si siguiera dentro de ti, es importante que cuides también que su nuevo entorno sea seguro. Para lograrlo, en sus primeras semanas toma medidas como alejar su moisés o su cuna de cualquier fuente de calor, de las ventanas y de cortinas largas a las que pueda llegar.

Además, evita poner moquetas o alfombras, que acumulan polvo, y opta mejor por suelos de parqué o de corcho; estos son más cálidos y más adelante serán mejores para favorecer su gateo.
Y hablando de gatear, ten presente que en cuanto tu hijo se lance a hacerlo (o empiece a desplazarse por el suelo de cualquier modo) deberás cubrir las esquinas de los muebles y colocar protectores en los enchufes.

Conociendo el día y la noche
Al nacer, tu hijo aún no diferencia entre el día y la noche, esto es algo que se aprende a partir de los cinco meses. Pero puedes empezar con ciertas rutinas para ayudarle en el proceso futuro.

Las siestas diurnas. Intenta que no las haga en un lugar que esté completamente a oscuras. Así irá intuyendo que aunque duerma, este es un momento diferente a la noche.
El sueño nocturno.Crea un entorno sin luz y con más silencio, y para darle las tomas de la noche enciende una pequeña lamparita y háblale en voz baja

Un pequeño explorador
Con el paso de las semanas, la curiosidad del bebé por el mundo que le rodea irá en aumento. ¿Qué puedes hacer para que lo conozca mejor?

Reconociendo colores. Al mes y medio, ve cuatro colores; rojo, amarillo, verde y azul. Enséñale móviles u otros objetos (mejor de tamaño medio y de tonos vivos) y muévelos lentamente ante sus ojos: verás cómo los sigue con la mirada.
Más fuerte. Ponle boca abajo, sitúate delante de él y háblale. Pronto intentará alzarse un poco para verte y con este ejercicio irá fortaleciendo los músculos del cuello y ganando tonicidad.
Más coordinación. A partir del tercer mes, ya puedes animarle a jugar con algún sonajero. Muévelo delante de él para que lo busque con la mirada e intente localizarlo y cogerlo.

Fuente: www.crecerfeliz.es