Sostenerlo con respeto durante las primeras semanas es importante sujetarle bien la cabeza y mantener su cuerpo cerca del nuestro. Más adelante, lo primordial será no forzar su desarrollo psicomotriz.

Cuando vemos a un bebé por primera vez nos invade una tierna sensación de fragilidad. Nos apetece cogerlo, mimarlo, abrazarlo… pero algunas veces ocurre que somos muy bruscos y otras que nos da un miedo terrible incomodarlo o hacerle daño.

El recién nacido es inmaduro y va adquiriendo sus habilidades psicomotrices y sociales a medida que transcurre el tiempo. Su tonicidad muscular, particularmente en el cuello, es pobre, por lo que tenemos que ir con mucho cuidado y respetar sus tiempos de maduración.
En su primera etapa: 0 meses hasta el gateo

Respetaremos que pueda estar algunos tiempos sobre el suelo, boca arriba, con ropa cómoda que facilite sus movimientos libres, sobre una manta o una toalla aislante del frío, para que pueda ir adquiriendo por si mismo todos aquellos movimientos que necesita para su correcto desarrollo psicomotriz.
El resto del tiempo, el mejor lugar donde estar es en nuestro cuerpo, siguiendo por 9 meses más, su exterogestación fuera del útero. Podemos ayudarnos de un fular portabebés o mochila ergonómica.
Tu cuerpo sigue siendo todo lo que necesita
Tu cuerpo sigue siendo todo lo que necesita
Nunca forzando que se siente o se voltee, que gatee o que camine antes de estar preparado para ello y lo haga por si mismo.
Y en general, ante cualquier manipulación procuraremos acercarlo siempre a nuestro cuerpo; notar ese límite le dará seguridad.
Al cogerlo en brazos por primera vez. Cuando llevemos al bebé en brazos, con una de nuestras manos le sujetaremos la cabeza y el cuello y con la otra, la espalda y parte de sus nalgas. Tendremos esta misma precaución cuando lo saquemos de la silla del coche o de la cuna, cuando lo queramos acostar o si caminamos con él en brazos. Si lo llevamos en una mochila, no sirve cualquiera del mercado, su diseño ergonómico debe garantizar que su posición sea la adecuada y no que quede colgando, por ejemplo.
No a los movimientos bruscos. A la hora de jugar con un bebé pequeño, es necesario ser prudentes. Las manipulaciones bruscas pueden llegar a repercutir en su salud. Nunca debemos zarandearle, ni sacudirlo, ni mucho menos tirarlo por los aires. Su cerebro es muy frágil y las sacudidas pueden dañar su sistema nervioso central. Si precisamos despertar al bebé le susurraremos o soplaremos delicadamente, o le masajearemos la espalda con suavidad.
En el agua. Al bañarlo, si somos diestros, pasaremos nuestro brazo y mano izquierdos por debajo, intentando abrazar espalda, cuello y cabeza a la vez. Reforzaremos la sujeción cogiéndolo suavemente por la axila. De este modo seguro que no se nos resbala. También podemos probar las bañeras tipo cubo que le proporcionan una experiencia agradable y segura.
Envolverlo. Si tenemos dificultades para llevar a cabo algunas maniobras, podemos envolver al bebé en un arrullo, ya que de este modo podremos tener mejor dominio de su cuerpo y mantenerlo alineado.
Adquirir seguridad. Debido a la necesidad de cercanía del bebé, una de las mejores posturas es el contacto piel con piel. Podemos permanecer recostados en un sillón o en la cama con el bebé desnudo encima de nuestro pecho, también desnudo. El bebé se sentirá cobijado y protegido, y prácticamente no se moverá. Así podremos masajearlo, reconocerlo y coger confianza mutua. Y lograremos sentirnos más tranquilos a la hora de manipularlo.
Razones para practicar el piel con piel con tu bebé

Ser prudentes

A medida que el bebé va creciendo está preparado para nuevas prácticas: ponerse de pie, caminar, sentarse… Pero sus articulaciones aún son tiernas y no podrán soportar según qué manipulaciones: nunca se le debe ayudar a ponerse de pie, pues sería forzar su proceso, sino esperar a que lo haga él solo cuando esté preparado y sus piernas le sostengan. Tampoco le agarraremos de la mano o del brazo para levantarle si está sentado o para ayudarle a caminar. Lo cogeremos por debajo de las axilas para no provocar una subluxación de la articulación.

Interferir en su desarrollo psicomotriz no le beneficia. En su lugar, ser respetado a la hora de conquistar cada etapa, le traerá beneficios mucho más allá de su infancia.

 

Fuente: www.mundotubebe.com