“Una mujer embarazada no está enferma”, esto es lo que dicen todos y yo estoy de acuerdo, si no fuera por una serie de aspectos que me gustaría resaltar sin caer en el alarmismo, la manipulación o sin ofender a los prudentísimos o a las “victimas” que “sufren” de cerca a una mujer en estado de buena esperanza.

Me explico. Que la mujer lleva pariendo desde su existencia es sabido por todos, indiscutible, ¿verdad? Pues también lo es que a lo largo de los siglos la vida de las personas se ha acomodado, ya es muy raro que se dé a luz en la casa de una, mientras otras mujeres hierven agua y sacan toallas y mantas. Ahora tenemos una sanidad pública o unos servicios médicos privados que nos atienden durante la gestación y en el parto que sin duda es el momento más bonito e incomparable que cualquier madre, y padre por añadidura, hayan vivido hasta entonces. (Obvio, a posta, el dolor que te parte por la mitad, los aullidos, el miedito que te entra en cuanto estás bajando a quirófano y le pides a Dios, a los espíritus del más allá, o de quién te acuerdes, que todo salga bien y que tenga sus 20 deditos y una cara redondita y preciosa). Es decir, que por lo menos  en medicina estamos gratamente cubiertos, incluso hoy en día existen clases de preparación al parto y a lo que viene después y vamos, que resultan útiles sobre todo en primerizas, pero sin engañarnos, una vez nacida la criatura nada es lo que te esperabas, es infinitamente mejor y lo siento, también despiadadamente cansado, monótono, caótico, hay sustos y se pasa miedo,  incluso pobrecitas mías, algunas caen en una depresión post parto, que es una mezcla de revolución hormonal, cansancio y odio intrínseco a cualquier que te lleve la contraria en los cuidados y atenciones de tu bebé, al que quieres porque sí, pero realmente le conoces de “ná”, con los años, ya le quieres porque le conoces y eso es todavía más maravilloso.

Pero hoy en día, y comparándonos con otros siglos, la mujer juega un papel muy importante en todos los sectores sociales. Hoy trabajamos y nos pagan por ello, hoy tenemos una vida social a la que nos gusta recurrir constantemente para distraernos y evadirnos de problemas, contamos con nuestras familias, unas cero “meticonas” y otras absorbentes como ventosas, además buscamos también nuestro espacio, un momento de soledad para meditar, para leer, ir al gimnasio o para lo que sea que se nos antoje en nuestro retiro merecido. Y por supuesto, cuando estamos embarazadas todo hay que compaginarlo con birlibirloques funcionales para seguir atendiendo a todo. Si encima tenemos otros hijos, llegamos a casa y ¿qué hacemos? Firmar autorizaciones, lavar y planchar uniformes, quitar pañales, baños, cenas, deberes, amor, cariño, juegos, cuentos, castigos, vamos lo que se tercie y dependiendo de la edad de los retoños. Y sin olvidarnos de nuestra pareja, a quien queremos pero que no lleva todo el día arrastrándose con un sueño tan bestia que te tienes que poner gotitas de pegamento en las pestañas para no cerrar los ojos, que no lleva 20 excursiones al cuarto de baño a ritmo de rinoceronte para que salgan cuatro gotitas de “pipí”, que no entiende por qué tienes tanto ardor si todo lo que comes lo vomitas y que, para ser sincera, te ayuda más obedeciendo órdenes cortas que tomando decisiones por él mismo que después tú tienes que arreglar sin perder más tiempo porque te duelen los riñones y quieres tumbarte cuanto antes en la cama. Y estoy hablando de embarazos sin riesgo, que los de riesgo, en los que tienes que hacer reposo porque estás embarazada de dos, de tres o de a saber…, porque tienes hipertensión, azúcar o la placenta no sé cómo pero no como debería, o sangras, o por desgracia el bebé viene con algo regular y, sobre el tema no profundizo, pero en verdad cualquiera de éstas razones hacen que el nivel de estrés de la futura madre se dispare y la ansiedad le quite el sueño y muchas veces hasta la sonrisa de la cara, no hacen del embarazo una enfermedad en si, pero sí es un momento en el que la mujer, aunque no la pida, necesita apoyo, cariño y mucha más ayuda, porque la realidad es que estás agotada.

Bueno sí, también hay mujeres que dicen que no se han enterado de que han estado embarazadas, ¡olé por ellas!, me alegro mucho, pero son una minoría, en mi opinión también ellas necesitan más apoyo aunque tengan la suerte de estar hasta más guapas.

Y por cierto, la edad de la mujer para tener hijos también es otra y es de cajón que no es lo mismo ni llevar un embarazo con veintitantos que casi en los 40 o después de cumplirlos, y que no nos cansamos lo mismo cuidando de un bebé cuando estamos lozanas a cuando ya la presbicia está a punto de que supliquemos una lupa de aumento y encima cuando nos levantamos de un sillón emitiendo sin querer ruiditos tipo “ainnnnn”.

Hasta aquí creo que todo bastante innegable, pero en esta última parte, en lo que me quiero centrar es que nuestro ritmo de vida y que nuestro estado físico y del bebé, o bebés, si son dos o más en camino, hacen que los partos se puedan adelantar, cada vez más vivimos y oímos historias de mujeres que se han puesto de parto mucho antes de cumplir las 40 semanas y entonces los bebés son llevados a la incubadora y comienza una complicada batalla de esos pequeños que se acurrucan como cachorrillos en el pecho de sus padres y respiran por sus tubitos tan minúsculos como sus extremidades. Sus padres esperanzados porque cuentan con las estadísticas y las opiniones de los médicos a su favor, saben que es cuestión de tiempo, de paciencia, de mimo, de amor y de admiración a un o unos campeones que tarde o temprano saldrán del hospital y llegaran a sus casas a quitarles el sueño, a ensuciar, desordenar, desobedecer pero, por encima de todo a llenar la vida de esos padres de la mayor y más satisfactoria felicidad con sus sonrisas inocentes.

Repito el embarazo no es una enfermedad pero dejemos que nos cuiden y pidamos ayuda o un momento de respiro. Disfruta de las pataditas que empiezas a notar.

Desconecta y descansa, lo necesitas!!!!

Fuente: www.desydes.com