Transmite emociones, favorece la creatividad, relaja al bebé… La música se ha convertido en un elemento indispensable para el desarrollo y educación del bebé. Conozcamos sus beneficios.
La música es beneficiosa para el desarrollo del bebé incluso cuando está en la barriguita de mamá. Y es que, desde los primeros instantes de vida, el pequeño reacciona a la música y se emociona igual que lo hace un adulto. Es la conclusión de una investigación realizada en Italia, financiada en parte por fondos de la Unión Europea y publicada en la revista científica norteamericana PNAS.
Éstas son las principales conclusiones del estudio:
Tras analizar las activaciones cerebrales en recién nacidos sanos durante los tres primeros días de vida, a través de una resonancia magnética funcional, se ha descubierto que su reacción es muy similar a la de los adultos. En otras palabras, existe una predisposición neurológica específica para la percepción de la música. Escuchar música de forma precoz favorece la potencialidad cognitiva de los más pequeños, tanto por lo que respecta al desarrollo de la musicalidad como a la creatividad.
En la actualidad, se sabe que, con el estímulo de la lectura precoz por parte de un adulto, se activan en el niño las áreas del cerebro implicadas en el aprendizaje de la lectura y del lenguaje, localizadas, principalmente, en el hemisferio izquierdo; en cambio, con la música, se potencian los aspectos emocionales, ya que se activa más el hemisferio derecho del cerebro.
Los estudios sobre la escucha musical confirman que, en el primer año de vida, el bebé analiza los estímulos sonoros, y se siente atraído por los cambios de las estructuras armónicas y rítmicas, predisponiéndose para aprenderlas. Lo mismo sucede con el lenguaje.
En general, los expertos coinciden en destacar que los estímulos musicales constituyen una especie de nutrición para el cerebro, y que la sensibilidad que se desarrolla en el niño para la música puede tener efectos positivos sobre la concentración, atención y memoria.
Asimismo, parece que los niños que están rodeados de forma precoz de un ambiente musicalmente rico y estimulante producen las denominadas “lalaciones musicales”, una especie de “vocalizaciones melódicas”, antes que los demás, y empiezan a cantar entonando a los dos o tres años, mucho antes que la media de los niños, que se sitúa entre los seis o siete años.
Hoy en día, los beneficios de la música se utilizan como terapia para tratar dificultades de varios tipos, relacionadas con los aspectos motor y comunicativo. El ambiente sonoro-musical constituye una parte importante en el desarrollo y en el equilibrio del individuo. Mediante la aplicación de diferentes técnicas, la musicoterapia intenta estimular a la persona a través del enriquecimiento del ambiente sonoro que la rodea.
Cuando la mamá canta para el pequeño, entra en sintonía con sus necesidades emocionales. En primer lugar, la música es buena porque refuerza las relaciones afectivas, despierta las emociones y representa una forma de abrazo no corporal que ayuda a los papás a estar mejor con sus hijos.
Las terapias musicales están pensadas, principalmente, para las familias: la música ayuda a responder mejor a las necesidades de los niños. Además, la música nos hace sentir bien porque reduce el nivel de estrés (el cortisol, la hormona del estrés, disminuye en la sangre cuando escuchamos una pieza que nos gusta) y estimula la producción de endorfinas (sustancias del bienestar).
Consejos para los papás
Se debe dejar al niño libertad para improvisar: puede descubrir nuevas sonoridades, experimentar y crear, incluso, con todas las cosas que están a su alcance. Hay que darle libertad, aunque haga un poco
de ruido, además de prestarle atención y valorar sus descubrimientos.
Jugar cantando: con los más pequeñitos, es preciso repetir la misma canción muchas veces. De vez en cuando, se puede probar a variar de melodía y de ritmo. En cambio, con los más mayorcitos, hay que ampliar el repertorio de canciones, combinándolas con gesticulación y con juegos de movimiento.
Escucha compartida: las canciones infantiles, las nanas y las piezas musicales deben entonarse con el niño, estimulando su participación, ya sea cantando, dando palmas o tocando algún instrumento. Asimismo, es bueno adaptarse a su actitud natural para reaccionar a la melodía con el movimiento del cuerpo. No importa de qué música se trate. Si se crea un hábito en la infancia, el niño recibirá un regalo que le acompañará durante toda la vida.
(fuente: mi bebé y yo)

