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Lactancia materna: los errores a evitar

Cuando la lactancia materna aún no está bien establecida, la nueva madre puede encontrarse con algunas pequeñas dificultades. He aquí algunos errores que pueden interferir con el éxito de las tomas.

1- Mirar el reloj
Antes era la norma: entre comidas, se sugería hacer una pausa de dos horas y media o tres. En realidad, el discurso de los horarios es adecuado para la alimentación con leche artificial, pero no para darle el pecho. La madre que amamanta no necesita el reloj: ¡es su hijo quien indica cuándo darle el pecho!
Observar al niño y satisfacer su petición, permitirá a la mamá estar segura de que lo alimenta de manera apropiada. La leche materna es perfectamente digerible, para que el niño la asimile rápidamente y su composición cambia constantemente, incuso en el arco de un día o durante la misma toma. Puede suceder que en la última toma el bebé haya tomado leche rica lactosa, por lo tanto más ligera, y por eso la haya asimilado más rápidamente y media hora después la haya digerido. Si la madre, en lugar de ofrecerle el pecho cuando lo desea, espera un tiempo predeterminado, el bebé tendrá hambre durante mucho tiempo. Sólo el bebé sabe cuándo su estómago está vacío: la madre tendrá que confiar en él sin preocuparse por los horarios, esquemas, ni número de comidas, que no tienen nada que ver con la lactancia materna. En todo caso hay que seguir la sugerencia contraria: hasta que el bebé es pequeño y el amamantamiento está en fase “de rodaje”, es mejor no dejar pasar mucho tiempo entre tomas. Si durante el día el bebé hace siestas muy largas, de más de cuatro horas seguidas, por lo menos al principio es mejor despertarlo y le ofrecerle el pecho.

Debemos recordar que el bebé puede buscar el pecho porque tiene sed, o incluso porque necesita consuelo. Negarle el pecho significa dejarlo en una situación incómoda que no tiene ninguna posibilidad de resolver por sí solo.

2- Alimentarlo un tiempo fijo
De la misma manera que no hay que mirar el reloj para saber cuándo necesita comer, tampoco se recomienda establecer un tiempo para amamantar. Incluso hoy en día, puede ocurrir que se recomiende a una mamá primeriza darle el pecho sólo diez minutos por pecho. Un consejo que no tiene en cuenta la particular composición de la leche materna, que, como hemos dicho, cambia durante la toma. Inicialmente, el niño recibe una leche más rica en lactosa, que le quita la sed, pero que es menos nutritiva. Durante la segunda parte de la toma, recibe el alimento que lo hará crecer. Detener la toma tras un tiempo preestablecido, supone correr el riesgo de privarle de la leche más nutritiva.

Además, no todos los niños son iguales: hay bebés que chupan vorazmente y, en pocos minutos, dejan el pecho, y otros que tardan más tiempo en recibir la cantidad de leche adecuada a sus necesidades. Una vez más, el consejo es confiar en tu hijo y olvidarse del reloj. Cuando el bebé esté lleno, se separará espontáneamente del pecho y duermirá satisfecho en los brazos de la madre.

3- Pesarle tras cada toma
Otra costumbre que antes era normal, pero que fue abandonada porque no ofrecía ninguna información útil y podía causar preocupaciones innecesarias a las madres. Estamos hablando de la costumbre de pesar al bebé antes y después de la toma para ver cuánto comía, una práctica ahora totalmente desaconsejada para los bebés no prematuros y sanos. Una vez más la causa está relacionada con la composición de la leche y el cambio que puede sufrir a lo largo de un día. Puede ocurrir, en efecto, que durante una toma el bebé haya recibido unos pocos gramos de leche con mucha grasa y muy nutritiva. La respuesta de la báscula seria desalentadora, cuando en realidad el bebé acaba de hacer una buena comida. Otras veces, sin embargo, el bebé puede haber tomado cien gramos, pero de una leche más ligera para ser digerida durante un período de media hora… Está claro, por tanto, que la información obtenida mediante las dos pesadas no es realmente importante para saber si el bebé está bien alimentado.

Además, a menudo, es muy incómodo pesar al bebé después de una toma, ya que en muchos casos los bebés se quedan dormidos en el pecho y es una pena despertarlos para pesarlos.

Pero, entonces, ¿cómo podemos saber si el bebé recibe suficiente leche? Controlar los pañales que ensucia cada día: un método cómodo e inmediato. El bebé tiene que orinar por lo menos 6-8 veces al día y tiene que haber heces regularmente (aproximadamente deben ser de 2-4 cada 24 horas, pero esta cifra es muy variable). Además, la madre pesará su bebé una vez por semana para evaluar el aumento de peso que, de acuerdo con las nuevas tablas de la Organización Mundial de la Salud, en los primeros meses, debe ser de 180 a 200 gramos a la semana.

4- Ignorar el dolor de pecho
Las grietas son una de las principales causas de abandono temprano de la lactancia materna. El dolor causado por lesiones y/o grietas en la piel del pezón es de hecho muy intenso y puede convertir la lactancia en un momento de gran incomodidad para la madre. Por esta razón, es importante no subestimar el dolor, pensando que si resistes pasará. La lactancia no debería ser dolorosa y la formación de grietas es una señal de que algo va mal y necesita ser corregido. A menudo, la causa del problema es que el bebé no se coge bien al pecho, que agarra sólo el pezón y no una gran parte de la aréola. Cambiando la posición del bebé, poco a poco, también las grietas sanan. Pero ¿qué hacer mientras tanto para aliviar las molestias y favorecer la curación? Es mejor evitar el uso de tópicos y desinfectantes, ya que pueden secar y/o irritar la piel aún más, y que además deben ser eliminados con cuidado antes de cada toma. La mamá podrá en su lugar extender por el pezón durante unos días unas gotas de su leche, que tiene propiedades antibacterianas y curativas.

También es útil cambiar la posición al amamantar, por ejemplo, probando la toma bajo el brazo o la posición de “rugby” para que la presión de la lengua del bebé afecte un área diferente del pezón.

En casos extremos, la madre puede utilizar temporalmente protectores de pezón o evitar darle el pecho que más le duela durante unos pocos días. Para vaciarlo, en este último caso, se puede utilizar un sacaleches o la extracción manual. Ten cuidado, sin embargo, cuando el malestar es muy intenso: debes ponerte en contacto con un experto en lactancia para obtener información y asesoramiento específico.

5- Ofrecer un complemento
«¿Tendré suficiente leche?». Es un temor común cuando la lactancia se está ejecutando y la madre novata todavía no se siente muy segura de su potencial para alimentar a su hijo. A veces, es la constante demanda del bebé lo que crea un poco de ansiedad, pero es una falsa alarma, ya que las tomas frecuentes (unas 8-12 cada 24 horas) no sólo son lo normal, sino que son esenciales para asegurar una buena producción de leche. Otras veces, lo que abruma a los nuevos padres y hace que recurran a los suplementos es el nerviosismo del bebé por la noche o un aumento repentino de la demanda, que pueden ocurrir en el primer y tercer mes. También puede suceder que la madre utilice un sacaleches para ver la cantidad de leche que puede sacar (otro error que hay que evitar, porque no hay correspondencia entre la leche que toma el bebé y la que se extrae con un sacaleches) y, tras ver que se trata de poca cantidad, decida ofrecer al bebé un complemento.

Sin embargo, así interfiere con el mecanismo fisiológico de demanda y oferta, que regula la producción de leche. Cuanto más succione el bebé, es decir, cuanto más vacíe el pecho, más leche producirá el cuerpo de la madre para satisfacer las necesidades del niño. Si se introduce un complemento, se rompe este equilibrio. Se desencadena un círculo vicioso que puede, a la larga, llevar a una conclusión prematura de la lactancia materna. A menos que no haya una indicación médica clara, es preferible no dar al niño un complemento. Si la mamá tiene la impresión de que el niño está menos satisfecho, bastará con darle el pecho con más frecuencia y, en unos pocos días, la producción se adaptará a las nuevas necesidades del niño en crecimiento. ¡Porque el cuerpo es una máquina perfecta!

(fuente: mi bebé y yo)

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