La bronquilitis se trata de una enfermedad de causa vírica. Aunque puede estar causada por cualquier virus respiratorio, de los que habitualmente producen un catarro, la gran mayoría de las veces la causa es el virus respiratorio sincitial (VRS).
La bronquiolitis es indistinguible de cualquier otro resfriado. Algunas décimas de fiebre, congestión nasal, mucosidad, un poco de tos…que poco a poco se van complicando con rechazo de la alimentación y dificultad respiratoria. El origen de estos síntomas es la inflamación de los bronquiolos (de ahí deriva la palabra bronquiolitis).
El bebé respira con dificultad como consecuencia de la infección viral, los bronquiolos del pulmón se inflama, se congestiona, se llena de secreciones y mucosidad, dificultando el paso del aire que, al hacerlo por una zona más estrecha, es origen de un flujo de aire que oímos como sibilancias o “pitos” en el pecho. Por este motivo, los pulmones intentan compensar que llegue menos aire respirando más deprisa o con ayuda de los músculos intercostales, de forma que se marcan las costillas al respirar.
En los bebés menores de tres meses, el tratamiento médico tiene escaso efecto. La inmadurez pulmonar propia de esta edad hace que los fármacos no actúen como harían en niños de mayor edad. Por eso, decimos que, en bebés pequeños, el tratamiento fundamental es de sostén. Esto significa que realmente el lactante se curará solo, pero debemos mantener su función respiratoria hasta que lo consiga.
Seguramente va a necesitar que le aportemos oxígeno, que retiremos secreciones y mucosidad de la vía aérea superior e incluso que lo alimentemos por sonda o lo hidratemos con suero intravenoso si está demasiado cansado para comer. En función de la gravedad, puede ser necesario tener que recurrir a diferentes dispositivos para mantener la vía aérea abierta, que van desde la oxigenoterapia con alto flujo hasta la intubación y respiración mecánica llegado el caso.
Si nos encontramos con bebés de más de tres o cuatro meses, el manejo suele ser más sencillo. Muchos de ellos podrán pasar la bronquiolitis en su domicilio, con el cuidado de sus padres o personal cualificado y haciendo un seguimiento estrecho por su pediatra, que valorará al niño cada pocos días para vigilar su evolución ¿Cómo podremos ayudarles? Pues lo primero haciendo lavados nasales frecuentes para despejar la vía aérea y en segundo lugar fraccionaremos las tomas para que no se cansen tanto al comer.
Esta práctica consiste en dar menos cantidad de leche, pero más a menudo. También es recomendable colocar una toalla enrollada bajo el colchón de la cuna para elevar los hombros, cuello y cabeza del bebé unos 15-20 grados, de forma que respire mejor. En este punto es importante evitar almohadas y tampoco elevar solo la cabeza de forma muy exagerada, porque estaremos cerrando el poco cuello que suelen tener los bebés. Dependiendo de la edad del niño, se pueden prescribir aerosoles con broncodilatadores. Ojo, no siempre son efectivos, por lo que a veces los pediatras valoran la ouscultación antes y después del aerosol para ver si hay mejoría en los sibilantes o “pitos” en el pecho.

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